Comentar
Las oportunidades educativas, el espíritu aventurero y la violencia se constituyen
en las principales causas por las cuales los jóvenes se alejan del campo.
Vestido con camisa y pantalón clásico, un poco falto de planchado, de piel morena
y belleza indígena, así se deja descubrir Fauner Pajoy, sin negar la raza de sus
aborígenes paeces, que habitaron el municipio del Pital, sur occidente del
departamento del Huila.
A sus 27 años, Pajoy vive en Neiva, ciudad que, como otros jóvenes, eligió para
desarrollar sus estudios. Actualmente está terminando el quinto semestre de
Ingeniería Civil en la Universidad Cooperativa. Con timidez acepta que se siente
satisfecho, ya que pudo aprender lo que le gusta desde pequeño cuando trabajaba
como ayudante de construcción.
En la capital, este joven goza la oportunidad de poder vivir en una casa que el
alcalde de su municipio, Hugo Ferney Casanova, alquila para los estudiantes
pitaleños y además en cierto grado recibe ayuda para el pago de su matrícula. Aun
así, y como es de suponerse debe rebuscarse el dinero para su sostenimiento,
pues su familia está en el pueblo, a 138 kilómetros de Neiva.
En esta medida, y para proyectarse de acuerdo a lo que piensa, que “uno mismo
elige donde quiere estar, a pesar de las dificultades económicas”, Fauner se ha
desempeñado en trabajos nocturnos, generalmente en cigarrerías, de vez en
cuando le toca ‘rebuscarse’ y se desempeña como ayudante de construcción.
Actualmente no está trabajando porque sus horarios de clase no se acomodan a
los laborales, entonces espera la mesada que uno de sus hermanos mayores le
envía.
El aspecto económico siempre ha sido un reto, tanto que cada vez que termina un
semestre tiene que pensar si será posible continuar el otro, ya que esto depende
mucho de un poco de suerte, podríamos de decir, y del respaldo de otras
personas, como el Alcalde de su municipio.
Desde el ‘Edén de Paz’, como es conocido su terruño, a Neiva las cosas cambian
un poco. Es por esto que nuestro personaje ha debido adaptarse, tanto que ya
extraña más a la ciudad cuando viaja a su pueblo, que al Pital cuando está en
Neiva. Sin embargo, va constantemente para cumplir con sus deberes de hijo y
cuidar de su mamá, quien le enseñó los oficios de la casa para poder defenderse
solo el día de hoy y salir adelante sin que la cocina y el aseo se conviertan en un
obstáculo más.
Fauner Pajoy comparte con Julián Andrés Cuellar, el hecho de ser jóvenes rurales
que se arriesgaron a buscar nuevas oportunidades, lejos de sus familias.
Coincidencialmente estos muchachos, quienes no se conocen uno al otro, han
querido siempre ser independientes y libres. Salieron de sus pueblos con una
‘mano atrás y la otra adelante’ y aunque tienen familiares en la capital hacen de
cuenta como si no los tuvieran, porque mantienen la concepción de que uno con la
familia no puede vivir y que en los momentos difíciles no se cuenta con ellos.
Además, no quieren ser un estorbo, ni una complicación para nadie.
Estos jóvenes también coinciden al pensar que la ciudad es desorganizada y
rechazan la contaminación que se genera en sus calles, ya que en sus pueblos
todavía se conserva el orden y un gran sentido de pertinencia por la naturaleza.
En la casa de la abuela, en el municipio de Guadalupe, Julián Cuellar disfrutaba de
grandes espacios, de una frescura envidiable y que ahora extraña bastante cuando
soporta los sofocantes calores de esta ciudad.
Otros cambios son los de ideología. Julián, por ejemplo, después de ser educado
en una familia conservadora y llegar a ser seminarista, ahora cree solamente que
hay un Dios y que la religión es una atadura. En la actualidad hace parte del Polo
Democrático Alternativo, donde le han influenciado ideas de igualdad y ha
aprendido a ser más solidario ante las dificultades de los demás. Cuellar considera
que le debe mucho a este partido, donde además de formar su pensamiento
político, le han permitido trabajar.
Mientras en Guadalupe no le faltaba la comida, acá le ha tocado aguantar hambre
y no por falta de creatividad, sino porque no siempre las cosas salen como él las
diseña. Es una gran contradicción cuando lo que él vino a buscar a la ciudad fue
nuevas oportunidades y a pesar que en medio de tres mujeres en su casa, su
mamá, su abuela y su tía, aprendió a cocinar y lo sabe hacer muy bien, esto en
ocasiones no le ha servido de nada.
Lo más difícil es cuando las personas, por mucho que quieran ser independientes
necesitan de otras y más cuando resultan causando incomodidades, pidiendo
posada a toda hora, como le ha tocado a Julián Andrés, según lo que comentó en
entrevista al Grupo J-Prensa Juvenil.
Este joven anhelaba conocer nuevos amigos y relacionarse con otra gente que
manejara dinero, también anhelaba conseguirlo, ya que desde pequeño cuando
trabajaba como embolador se acostumbró a manejar sus propios pesos. Además,
siempre ha sentido el compromiso de ayudarle a su mamá para lograr una mejor
calidad de vida.
Julián actualmente estudia Comunicación Social y Periodismo en la Universidad
Surcolombiana, aunque su mayor anhelo nunca fue estar en una aula de clase
educándose para ser profesional, siente que debe continuar y asumir este reto que
empezó gracias a los consejos de una amiga y que hoy sus amigos le han
motivado para que siga a pesar de las dificultades, y a veces quisiera irse a buscar
otro tipo de aventura.